Allá donde acaba el Estado, empieza el hombre que no es superfluo; allí empieza el canto de los que son necesarios, la melodía única e insustituible.
Yo no os aconsejo el trabajo, sino la lucha. Yo no os aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Que vuestro trabajo sea una lucha! ¡Que vustra paz sea una victoria! La guerra y el valor han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo.
No vuestra piedad, vuestra bravura es la que salvo hasta el presente a los náufragos.
Que vuestro amor a la vida sea amor a nuestras más altas esperanzas; y que vuestra más alta esperanza sea el más alto penamiento de la vida.Yo no os aconsejo el trabajo, sino la lucha. Yo no os aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Que vuestro trabajo sea una lucha! ¡Que vustra paz sea una victoria! La guerra y el valor han hecho más cosas grandes que el amor al prójimo.
No vuestra piedad, vuestra bravura es la que salvo hasta el presente a los náufragos.
Yo amo a los que no saben vivir sino como extinguiéndose, porque esos son los que pasan al otro lado.
Amo al que no se reserva para sí ni una gota de su espíritu, sino que quiere ser por entero el espíritu de su virtud, porque así atraviesa el puente como espíritu. Amo a todos los que son como gotas pesadas, que caen una a una de la sombría nube suspendida sobre los hombres, anuncian el relámpago que viene y desaparecen como anunciadores.
Fiedrich Nietzche en Así habló Zaratustra
Fiedrich Nietzche en Así habló Zaratustra
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