viernes, 21 de noviembre de 2008

Nací con la primera revuelta, insumisa, inquieta, desgreñada. Me construí a mí misma desnuda, bella, irreverente. Desde mis huesos inermes partió la primera blasfemia hacia el creador. Me negué a ser sometida, dirigida, apadrinada. Me transformé en apóstata. Fui acusada de irreligión. Fui condenada, pero mis alas eran de fénix, y en raudo abandoné las hogueras y atravesé los océanos... Vi yugos por dondequiera, calambres y hambre, parlamentos y lamentos, aprendí la desesperación. Cavé con las uñas una trinchera de sueños y me embriagué con esa pandilla de niños locos, poetas náufragos allá en España del treinta y seis... Miré a la izquierda, miré a la derecha y vi rostros sucios ocultos tras limpios uniformes, vertiendo la sangre de los pueblos en nombre de la justicia, la dialéctica y otras empalagosas quintaesencias. Y tomé la rabia, y la afilé y lancé truenos contra los tronos, enemiga de los gobiernos, enemiga de las patrias, enemiga del dolor. Abrazo al mundo, vivo y no ruego, amo; y resisto sus tiranías.

SOY LA ANARQUÍA!!!

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